Olor a higos dulces

Marzo de 2012. Hoy he bajado al Borne con S.T. Hemos pasado por en frente de la tienda de Helena Rohner. He entrado a saludar a J.P. Me dice que en La Comercial de la calle Rec hay un “no sé qué” de Fred Perry, que vayamos, que él pasará luego. Nos vamos a tomar unas tapas y unos txakolis. Hablamos sobre los recuerdos en forma de olor. Después, impulsadas por el vino del norte, nos acercamos a la calle Rec. Curioseamos. Entramos a una de las tiendas y allí está. Philosykos. Todo lo que hay alrededor se desdibuja excepto ese frasco de perfume francés. Lo cojo, apunto hacia mi muñeca y aprieto el spray. Aspiro muy hondo. He abierto la Caja de Pandora y ahí está él. A.V.
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Retrocedo hasta el año 2004. Por entonces yo llevaba la programación artística de La Paloma. Me empeñé, a pesar de su mala fama, en contratarle. Los rumores hablaban de un discjokey yonki que faltaba a sus compromisos con cierta asiduidad. Hice oídos sordos y le ofrecí una residencia mensual. Aceptó. Confieso que la primera noche temí que no apareciese. Apareció. Me lo crucé en la puerta. Me miró sin saber quien era. Le miré y tuve la sensación de que le conocía desde hace mucho tiempo. Entonces supe que lo que iba a pasar era inevitable. O al menos, yo no lo quería evitar. Mirar a A.V era asomarse a un abismo que espantaba y atraía a partes iguales. A mí, me daba igual tirarme de cabeza por aquel abismo. Tomo prestada la frase de Nietzsche a propósito de Goethe, y la hago mía “lejos de apartarme de la vida, me sumergí en ella; no fui pusilánime, y acepté todas las responsabilidades posibles”. A.V. y yo comenzamos a salir.
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Una tarde, después de comer en casa de los padres de A.V, estuvimos abrazados durante horas. Inexplicablemente, no podíamos soltarnos. Nos amamos sin desnudarnos. Puede sonar absurdo, pero la expresión de un sentimiento es, casi siempre, absurda. Allí, colgados en la nada, todo estaba bien. Ese día me habló de “Entre dos tierras”, el hit de Héroes del Silencio. Sacó el vinilo y lo puso. Me dijo que hubo un tiempo en que solía escuchar a menudo esa canción. Se sentía identificado con la letra y eso le hacía sentirse menos solo. Él siempre había pensado que aquella letra hacía referencia a las drogas. Yo le dije que no, que hablaba de un altercado de Héroes con un locutor de Radio Zaragoza llamado J.T.
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Un día, A.V apareció en mi casa con su guitarra acústica. Quería enseñarme algunas canciones del disco de pop que estaba componiendo. Una de esas canciones se llamaba “Perlita”, que era como él me llamaba. Dijo que era mi canción y me la cantó, sentado en el suelo del salón. Yo le miraba como se mira a un milagro. “Si no fuera porque estás a mi lado / y me protege tu amor sincero / y el manto que teje / que me cuida de la muerte / y la compara con la suerte / conocerte fue quererte / hoy recuerdo momentos así / cuando bailas disfrutas / te sueltas y saltas / sin que lo sepas / me encanta mirarte / abstraída / saberte / adorarte / espiarte”. Es la pista 18 de un disco que se publicó después de su muerte con el nombre de “Leire”. Es la canción más corta de todo el álbum. A.V. murió unos meses después. Nunca pudo acabar aquel álbum.
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1 Comentario

  • Responder marzo 29, 2012

    Susana P

    Los olores me transportan a esos momentos cargados de eternidad que surgen solo con abrir un tapón

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