El plan

Lo primero que debes saber es que nunca se puede comenzar desde cero. Ninguno de tus pasos fue un error. No culpes a las circunstancias ni a los otros. En la vida, a veces se gana y a veces se aprende. Ahora, tu experiencia es un valioso cuaderno de ruta que te guiará hasta donde quieras llegar.

Detente y piensa. ¿Estás donde quieres estar? Si la respuesta es no, sal de tu zona de confort y arriesga. Porque sin riesgo, no hay cambio. Y sin cambio no hay avance.

Elige ser tú. Conviértete en esa persona por la que pondrías la mano en el fuego. Traza un plan. Tu plan. No te consumas en sueños ajenos. Haz de tu vida algo extraordinario. Sé ocurrente, intenso. No compitas. No digas que lo vas a hacer mejor, di que lo vas a hacer diferente.

Inspírate. No dejes de ser curioso. Búscate en los otros, porque en ellos te encontrarás. Aliméntate de pasiones. Aunque no den dinero. Disfruta. Ríe. Llora. La vida no es plana.

No corras. Detente en las pequeñas cosas. En los instantes fugaces de felicidad. Y da las gracias. La felicidad nunca es una constante y la vida es un viaje muy largo.

Si te derrumbas, descansa. Nadie es inagotable. Ni siquiera el guerrero. Descansar no es perder el tiempo. Después de la tempestad, llegará la calma.

A veces, actuar puede significar “no hacer nada” y “no hacer nada” puede significar estar haciendo lo que hay que hacer.

Pero no abandones el ansia. No te resignes. Se valiente. No seas mediocre. Nunca vuelvas al lugar donde no quieres estar. Nunca seas quien no quieres ser. Es agotador. Y absurdo.

No dejes que acabe el día sin haber crecido un poco.

La vida es siempre horizonte.