Regreso a India

India-Godess-Lakshmi

Jueves 21 abril

Ha llegado mi visado a la oficina. Exactamente 1 mes antes de la fecha en que vuelo a India. Se que este viaje no me marcará como el primero pero este es otro de esos puntos de inflexión en los que, o me tomo un respiro, o volveré a cambiar de vida.

Todo comenzó en marzo. Yo estaba pasando unos días de relax fuera de Barcelona. Entonces recibo una llamada de mi amigo Sick diciéndome que se va 2 meses al campamento base del Everest con la expedición de Carlos Pauner patrocinada por el gobierno de Aragón. Llevaba casi medio año diciéndome que lo iba a hacer y yo no terminaba de creerlo. Ya no había duda: salía ese mismo sábado!
No lo pude evitar. Fue como si de golpe me hubiera contagiado. El “mono” del viaje, del movimiento, estaba otra vez dentro.

Lo comento con Carol quien, sin dudarlo mucho, se apunta. Para ir a Nepal tendremos que hacer escala en Delhi (India) así que, por qué no aprovechar unos días allí también?
El plan: 1 semana en Pushkar (India), otra en Katmandú (Nepal).
Desde el principio tengo muy claro que es bastante absurdo dar ese tiempo a un viaje pero, por ahora, no hay más y yo no quiero esperar.

Domingo 23 abril
Creo que mi mayor enemigo es la prisa. La prisa hace que no estemos donde tenemos que estar, que pasemos de puntillas por la vida, que nos sintamos ajenos a lo que nos rodea.

Martes 17 mayo
Ya solo faltan 4 días. Hoy llueve mucho en Barcelona. Me gustan los paréntesis de los días así. El olor después de la lluvia hace que todo parezca nuevo. Tengo ganas de que cambie algo.

Esta tarde me ha llamado Sick desde el campamento base. Sonaba raro. Dice que está harto de dormir en el hielo y de ver jacks. Si todo va bien el 27/28 de mayo bajarán a Katmandú. Sería genial encontrarnos todos allí.

Sábado 21 mayo
Tras 12 horas y media de viaje llegamos a Delhi. Son las 11 de la noche. No tenemos reserva en ningún hotel, nada planeado. Por delante, libertad y unos cuantos días en blanco.
En el avión conocemos a dos americanos que viajan por negocios. Se alojan en un 5 estrellas cerca del aeropuerto.
Al llegar reservamos en su mismo hotel sin que eso suponga un considerable bajón en nuestro presupuesto: nos proponen hacernos pasar por trabajadoras de su empresa para poder beneficiarnos de un considerable descuento.
Nada más salir del aeropuerto reconozco el olor de India. Algo se encoge en mi estómago. Durante el trayecto respiro todavía más hondo. He vuelto.

Domingo 22 mayo
Amanecemos descansadas, con las pilas cargadas e impacientes por salir de esta burbuja y comenzar nuestro viaje.
Antes de hacer el checkout aprovechamos las ventajas de las 5 estrellas: un baño en la piscina. Suponemos que no volveremos a ver otra en lo que queda de viaje. También hacemos la última comida continental en el restaurante.

Después de comer nos dirigimos a Connaught Place, centro neurálgico de nueva Delhi, en busca de un alojamiento más modesto. De camino nos comentan que una epidemia de meningitis en Old Delhi ha matado a 75 personas ya.
El aire abrasa: 40 grados. No hay ni un extranjero a la vista. Tampoco nadie nos aborda para vendernos o pedirnos nada. Que raro…
Ya en el hotel, la tv anuncia que han puesto bombas en 2 cines de nueva Delhi. Fanatismo: por lo visto las películas que proyectaban no correspondían a la moral deseada.

Lunes 23 mayo
Nos levantamos con la intención de salir de aquí lo antes posible destino a Pushkar en Rajasthan. Un lugar tranquilo a orillas de un lago en el borde mismo del desierto que parece salido del cuento de las mil y una noches.
Nuestros planes cambian sin resistencia al instante. Nos advierten que el clima allí en esta época del año es inaguantable: 45 grados. La planificación de este viaje ha sido nula pero me gusta que así sea.
Pronto nos vemos dentro de un coche rumbo a Risikesh, un pueblo que vive volcado al Ganges (río sagrado de India) y donde ya estuve hace 11 años.
Recuerdo el puente colgante de Lakshman Jhula que une la parte más comercial de la ciudad con la Risikesh de los ashrams donde se alojan la mayoría de los viajeros que buscan tranquilidad y algún contacto con el yoga. Aquí era donde los Beatles se encontraban en los años 60 con su gurú Maharisi Maneshyogi.

Llegamos por la noche y escogemos uno de los primeros ashrams que encontramos. Es una enorme casa colonial con numerosas terrazas que se asoman a un patio lleno de plantas. Nuestra habitación tiene un pequeño balcón que da a la orilla del rio. Es enorme pero parece que la hubieran abandonado el siglo pasado. Del wc mejor no hablar.

Martes 24 mayo
La noche ha sido dura. No se cuantos grados habrá en este cuarto pero el colchón abrasa. El ventilador no ha servido de nada.
Despertamos con la música y los cantos de los hindúes que ya han empezado sus pujas (ofrendas sagradas) en el Ganges, justo aquí abajo. Los niños ríen, las mujeres se bañan con sus saris incorporados y lavan la ropa ya de paso, las vacas y los perros se mezclan con ellos. Son las 7 de la mañana y la actividad ya es febril. Maldigo que sean tan madrugadores.
El lugar es hermoso a pesar del olor, de los escombros, de la suciedad. Por encima de todo este aparente caos parece haber un orden que no conocemos.
Hay algo en este país que me enganchó desde la primera vez. No se muy bien que es pero aquí me siento tranquila. Pienso en algo que me llame la atención de esta cultura: los hindúes, la mayoría de los hindúes, no desean lo que no es suyo. Su religión les lleva a asumir lo que les toca en suerte. En su manera de actuar ves una especie de no resistencia a las circunstancias.
Contrario a lo que muchos puedan pensar no se trata de no escoger los propios actos, de dejar que otros decidan. Se trata de adaptarse a lo que, por alguna razón que se nos escapa, nos toca vivir.
De un cuento chino: “lo único que por el momento necesitamos saber de la vida es que la situación en la que estamos es exactamente la que tenemos que vivir. Los “instrumentos” que necesitamos para alcanzar nuestra meta siempre nos rodean, no hace falta buscarlos lejos.”

Miércoles 25 mayo
Risikesh, como el resto del mundo, también ha cambiado. Ahora son los indios los que fotografían a los extranjeros. Ya me han hecho 3 ó 4 fotos. Las familias indias que veranean aquí te piden (entre risas) que te fotografíes con ellos. Yo accedo aunque me siento un poco desconcertada y absurda.

En esta época del año no hay demasiados extranjeros. Hace demasiado calor y prefieren viajar hacia el norte, a Kashmir o Manali en las montañas. Me siento idiota por estar en India solamente 2 semanas. De no ser así también yo iría al norte. Que envidia, viajar durante meses y meses… No sentirse atada a una vida predecible y esperada, dejarse llevar por la sorpresa, sentirse vivo, cambiante, en movimiento. Que cada día aparezca como una emocionante pagina en blanco…

El calor, a cualquier hora del día o de la noche sigue siendo infernal. Por suerte tenemos el Ganges y nada nos impide unirnos a los locales que se sumergen en sus aguas. Un cartel anuncia que 17 indios y 4 turistas han muerto ahogados durante los dos últimos años. De cualquier forma, es un regalo…
Hoy me hice otro regalo: un masaje ayurvédico, antigua medicina india a base de plantas. Ha sido, sin duda, el mejor de toda mi vida y solo por 6 euros sin regateo.

Jueves 26 mayo
Hoy Carol está enferma. Se ha quedado todo el día en la habitación. Cuando estoy sola el viaje cambia hasta el punto de parecer otro viaje. Convivir con otras personas las 24 horas del día te enseña mucho sobre ti mismo. Podemos percibir a los demás, aprender de ellos (y a través suyo) pero hemos de intentar mantener una actitud de observación, no dejar que sus actos marquen los nuestros y, sobre todo, no intentar cambiarlos.

Desde que llegué a Risikesh he intentado encontrar la guest house donde estuve la primera vez que vine aquí. Caminaba distraída y de pronto… La puerta!…
Subí las escalinatas y entré en el patio. Todo estaba en su sitio, tal y como lo recordaba. Nada había cambiado a lo largo de estos 11 años.

De pronto estallaron los recuerdos. Sentí la inmensa felicidad de aquellos años, un tiempo en el que cualquier cosa parecía posible porque todo estaba por llegar. Quiero pensar y salgo a sentarme bajo una sombra. Enseguida escucho: ¿eres española? Es pablo, un madrileño que lleva 4 meses de viaje. Le invito a tomar un té (que acaba por pagar él) y con la charla vuelvo a la realidad. Me habla de unas pequeñas cascadas a media hora a pie desde aquí. Si, recuerdo que yo también estuve allí…

Intento llamar a Sick al teléfono satélite del campamento base pero no hay manera. Las líneas llevan busy todo el día. Cada vez tengo más ganas de ir a Nepal.

Viernes 27 mayo
Aquí en Risikesh, por tratarse de una ciudad santa, toda la comida es vegetariana. Se basa principalmente en el thali, especie de buffet servido en bandejas de acero. Tiene varias opciones. Mi favorito es con dhal (lentejas al curry), palak paneer (espinacas con queso), aloo tikka (croqueta de patata), chapati (pan sin levadura) y kurd (especia de yogurt que ayuda a calmar el picante). Hay un montón de pequeños restaurantes a lo largo de esta orilla del Ganges. A simple vista no parecen muy recomendables pero la comida es bastante más fresca que en muchos otros de mejor pinta. Acabaré harta de comer thali.

Esta tarde, mientras ¡por fin! Tomábamos una cerveza (en Risikesh por motivos de religión es complicado conseguir alcohol) ha llamado Carlos Pauner. Están bajando del campamento base. Llegarán a Katmandú el domingo. No le aseguramos que vayamos a ir. Todavía no lo tenemos del todo claro. Lo único seguro es que mañana regresamos a Delhi. Quizás Bombay y sur de India, quizás la isla de diu, quizás Katmandú…

Vamos a cenar al Ganga View: musli con frutas y yogurt. De camino al hotel conocemos a otro español. También lleva unos cuantos meses de viaje. Nos cuenta que viene de llamar a su familia y que le han preguntado que qué hace aquí. Les ha contestado que nada, que lo mismo que ellos allí. Supongo que a muchos nos ha pasado que a veces hemos encontrado a nuestra intensa vida de distracciones el mismo sentido que a no hacer nada.

Sábado 28 mayo
Hoy dejamos Risikesh. Está saturado de nacionales en vacaciones. Ellos las toman entre mayo y junio. Nosotras hemos caído justo en medio. Las calles normalmente tranquilas están ahora abarrotadas de taxis 4×4 que circulan frenéticamente sin dejar de tocar el claxon. No paramos de tragar polvo.

Después de comer contratamos un taxi hasta Delhi por 3000 inr, unos 55 €. De seis a siete horas de viaje en coche. De haber tenido más tiempo para viajar habríamos escogido otro medio. No es así.

En las horas de viaje aprovecho para pensar. Me gusta estar quieta mientras alrededor todo cambia. Rápido. Cruzan paisajes. Cruzan pensamientos. Recuerdo que una sonrisa tiene el poder de anular casi cualquier defensa. Es un arma importante.
También pienso que me gustaría poder continuar este viaje durante al menos 2 meses. Viajar aclara las ideas.
Desde aquí sigo creyendo que algo falla en la vida que llevo. Aunque en apariencia todo parezca en su sitio, por debajo de este orden aparente hay un caos que nos devora. A menudo siento que paso de puntillas por la esencia de las cosas. Es como estar un poco muerto o un poco dormido.

Domingo 29 mayo
Volvemos a hacer noche en el hotel 55.
Una vez en el aeropuerto de Delhi no nos dejan entrar sin billete. Les explicamos que precisamente lo tenemos que comprar dentro.
Por alguna extraña razón no hay nada ni nadie capaz de agotar mi paciencia en estos días. No me preocupa que no haya billetes a Nepal, podemos ir a cualquier otro sitio. Me siento a esperar al lado de la policía que no nos deja entrar. Creo que he superado la prueba. En India a menudo examinan tu grado de paciencia. Nos invitan a entrar y un empleado de Indian Airlines nos acompaña hasta su oficina. Próximo destino: Katmandú.

Me gusta dejarme llevar.
¿Por qué siempre intento tener todo bajo control cuando es tan emocionante la sorpresa?
¿Me habré contagiado de ese espíritu que juega a la no-resistencia?

Llegamos a Katmandú y vamos directas al hotel que nos recomienda un amigo del taxista: Encounters en Thamel. Nos gusta. Todas las habitaciones dan a un jardín tranquilo. Después de hacer el checkin en nuestro hotel vamos a buscar a nuestros amigos de la expedición aragonesa. Desde la recepción pido que me pasen con su habitación. Se pone Sick. Le digo que le estoy llamando desde India. Está medio dormido. Han bajado hace unas horas del campamento base. No puedo aguantar más la broma y le digo que estamos abajo. Enseguida estamos celebrándolo con un buen surtido de cervezas marca “Everest”.

Por la noche cena en Third Eye (tercer ojo). Es el único restaurante que recuerdo de cuando estuve aquí hace 10 años.
Las mesas están dispuestas en tarimas a diferentes alturas. A la entrada dejas tus zapatos y te sientas en el suelo. Estamos solos. Por lo visto hoy hay toque de queda (no es peligroso para los extranjeros pero si para los nepalíes). De cualquier forma en esta época del año no hay demasiados visitantes. Cenamos gambas rebozadas, pollo tandoori y mucho tinto australiano. Demasiado. Acabamos bailando ante los ojos atónitos de los camareros… Un cuadro!
Después nos vamos al Tom & Jerry, un bar frecuentado por nepalíes y trekkers. Acabamos la noche en la discoteca-tugurio más popular de Katmandú: fire.

Lunes 30 mayo
Por el día no generamos demasiada actividad pero llegada la noche estamos otra vez en marcha.
Es la cena de despedida de la expedición. Mañana todos dejaremos Katmandú. Ellos con destino a España, nosotras a Pokhara, una ciudad pequeña a orillas de un lago cerca de la montañas.
Cenamos en un típico Nepalí. Empezamos por el piso más alto. Zapatos fuera, aperitivos y danzas populares. La cena, más abajo. Menú: thali. La cantidad de comida es como para un regimiento. Una especie de licor de arroz extrafuerte circula durante toda la cena. Nos deja k.o pero, es la despedida… vuelta al Tom & Jerry y otra noche que cerramos el Fire.

Martes 31 mayo
Por la mañana, cada uno con su grado de resaca, hacemos algunas compras.
Tomamos el mismo autobús al aeropuerto. Despedida. Hacía tiempo que no me reía tanto. Definitivamente, el encuentro ha merecido la pena.

Nuevo rumbo: Pokhara.
Cosmic Air (el nombre no parece muy serio) ha cancelado su salida. Nos derivan a Jeti Airlines “legend of the sky” como anuncia la bolsita de cacahuetes que me ofrece la azafata junto con unas bolitas de algodón para los oídos dispersas por la bandeja. A la derecha el Everest oculto por las nubes. Tengo la impresión de que me voy a enamorar del lugar.

Miércoles 1 junio
Despertamos en el hotel Phewa (que también es el nombre del lago a cuya orilla estamos). Ha hecho un calor húmedo un tanto asfixiante pero esto es tan bonito…

Desayuno a orillas de este lago que refleja toda la cordillera del Himalaya. Se escuchan pájaros de todas clases. Desde aquí veo un templo muy blanco en la cima de la montaña. Hay colegiales remando sus propias barcas, mujeres lavando y algún búfalo en remojo. Una mujer que llega en una barca se peina un cabello muy negro y muy largo.

Phewa-Lake

Me gustaría tanto poder quedarme aquí unos cuantos días… Reconozco el absurdo de pasar aquí solo 2 días y también el de los 15 días en total de este viaje. Decido no darle más vueltas.

Aquí tampoco hay turistas ni viajeros. Una vez más todos se movieron al norte. La mejor época para venir es diciembre. Pasado el monzón todo está exuberantemente verde.
Por la tarde vamos al mercado local de Pokhara. Quiero comprar un topi (sombrero típico nepalí) a mi padre. Allí tengo la sensación de que no les gusta ver a occidentales fuera de los lugares “acotados”. No tienen ganas de vendernos nada. Yo consigo mi topi.

De regreso voy a tumbarme a orillas del lago. Hay búfalos y niños nadando. La tarde está de tormenta. Se oyen los primeros truenos, caen las primeras gotas. Un hombre me avisa de que es peligroso quedarse. A mi me gusta pero le hago caso. En pocos minutos se desata la gran tormenta.

Hemos cenado pescado indefinido del lago. El ambiente está fresco. Hoy dormiremos bien. Se escuchan ranas y en el jardín se ven luciérnagas. El viento suave hace sonar unas campanas que cuelgan del árbol. Todo parece nuevo esta noche.

Jueves 2 junio
Estamos a bordo del avión de Cosmic Air que nos devuelve a Katmandú. Más bolitas de algodón para los oídos cortadas personalmente por el azafato. Supongo que la presión de estos aviones no es muy allá. La cabina está abierta, el piloto es mujer. 1 hora y 15 minutos escasos de vuelo.
Conforme deshacemos nuestros pasos menos ganas tengo de que acabe este viaje. 15 días es la medida exacta para empezar a aclimatarte y quedarte con las ganas.

Noche en Katmandú. Es nuestro último día. Para celebrarlo elegimos un buen restaurante: la Dolce Vita. Cenamos en la terraza. El último día de un viaje siempre trae conversaciones largas y profundas. Después de cenar decidimos hacer nuestra ruta habitual: Tom & Jerry y (tal vez, depende) Fire.
Tom & Jerry. En el 4 Gin Fizz entran dos chilenos. Carol dice bromeando que el alto es para mí. No me interesa, le digo. No quiero perder el tiempo.

Fire. Definitivamente Carol tenía intuición. El alto (Álvaro) y yo no paramos de bailar en toda la noche. Es el hijo del embajador de Chile en Suecia.
Son las 3 y media y, para variar, cerramos el antro.

Esta noche el mundo de cada uno se ha borrado. Solo hay un presente compartido por quienes seguramente no volverán a encontrarse.
Nos gusta sorprendernos con la familiaridad con la que nos tratamos los que hace solo unas horas éramos unos completos extraños.
Una vez más todo parece reducirse a una cuestión de ritmo, de tiempo para detenerse y descubrir con asombro nuestras coincidencias con los otros.

Viernes 3 junio
Amanezco con la resaca de mis últimas horas en Katmandú y la sensación extraña de irrealidad que provoca la falta de sueño. Por delante otras 12 horas de viaje. Las esperas en los aeropuertos suman horas a mi cansancio.

Entre la vigilia y el sueño cierro los ojos. Uno a uno voy guardando los recuerdos. Por la memoria desfilan verdades que no quiero olvidar. Estos últimos días me han devuelto al ritmo lento al que quiero seguir viviendo. El viaje, el movimiento que nos impide volvernos locos, rescatar nuestro instinto. Despacio sueño y pienso: deja que te cambie el mundo y podrás cambiar el tuyo… Ahora sé que lo que tanto amé de India un día ha estado siempre aquí dentro.

India / Nepal, abril 2005

4 Comentarios

  • Responder abril 25, 2017

    Anónimo

    Bonita historia. Me has contagiado el deseo de viajar al azar, que había perdido. Thanks.

    • Responder abril 25, 2017

      Nona Rubio

      ¡Cómo me alegro! Improvisar es maravilloso ;)

  • Responder noviembre 14, 2008

    fabiola

    No sé como llegué a esta página, pero me resultó muy interesante y he estado leyendo cada parrafo poco a poco, que increibles viajes!!!

  • Responder mayo 1, 2007

    Anonymous

    ;-)

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