Mi primer sabbath en Israel

Judios ortodoxos

Trabaja seis días, y en ellos haz todas tus faenas. Pero el día séptimo es día de descanso, consagrado a Yavé, tu Dios. Que nadie trabaje. Ni tú, ni tus hijos, ni tus hijas, ni tus siervos, ni tus siervas, ni tus animales, ni los forasteros que viven en tu país. Pues en seis días Yavé hizo el cielo y la tierra, el mar y todo cuanto hay en ellos, pero el séptimo día Yavé descansó, y por eso bendijo el sábado y lo hizo sagrado”. (Exodo 20:8-11)

Me pareció increíble ver cómo, después de siglos, Israel seguía cumpliendo con la tradición. Tel Aviv es una ciudad moderna, ideada por arquitectos judíos formados en la Bauhaus (tiene la mayor concentración de edificios modernistas del mundo). También es una capital cultural cosmopolita y un importante centro de artes escénicas. Sin embargo, cada viernes a las 6 pm, la actividad de la ‘ciudad blanca’ se detiene. Comercios cerrados, calles desiertas y familias reunidas en torno a la mesa. Esa noche se come. El sábado se ayuna y se descansa.

Claro que nada es tan radical como en Jerusalem, donde los ultra-ortodoxos – una minoría anacrónica, hermética y automarginada- llevan al extremo eso de no hacer ningún esfuerzo. Tanto, que ni siquiera pulsaran el botón del ascensor (que en sabbath está programado para hacer paradas en cada piso sin necesidad de tocarlo). Tanto, que no escribirán más de dos letras. Tanto, que las mujeres cortarán en secciones el papel higiénico antes de entrar en sabbath. Pero eso ocurre en un lugar del mundo al que ningún forastero puede llegar. Y entiéndase como forastero cualquier ser humano que no camina ensimismado bajo un sobrero negro de ala ancha con tirabuzones en el pelo. No, los judíos que yo conocí eran otros.

2 Comentarios

  • Responder octubre 15, 2010

    marisa

    Los israelíes que yo conocí en Tel Aviv, no son los que “no” conocí en Jerusalén. Gente sonriente, ilusionada, joven (independientemente de su edad), agradecida a que esa persona con quien hablaban hubiera viajado desde España (España, sí, la antiisrael por antonomasia), sólo para darse el gustazo de pasar unos días con ellos, en su país; de tomarse una copa o charlar, o bailar con ellos; y flipada ya del todo porque además esa persona (que no iba, como el 99%, en un viaje programado a “Tierra Santa”), hablara hebreo. ¿¿¿¿Hebreo???? ¡¡Hablas hebreo!! ¿Por qué? A lo que yo sonreía y pensaba… creo que esto da para horas y horas, y sería tan agradable explicárselo… Así que… me ponía a ello. Shalom.

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