Costa Rica, pura vida jue’pucha

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Costa Rica. Tremenda, amable, abundante, descarada, insultantemente viva. Pura vida, como dicen allá.

Y allá voy, con tan sólo diez días libres por delante. Sé que es una locura, un arrebato sin meditar. Me da igual. Lo necesito. Aunque para llegar tenga que pasar más de veinte horas viajando. Y para volver otras tantas.

El sábado 29 de Diciembre comienza el viaje. Volamos a las 07:10h rumbo a Madrid, desde allí cogemos otro vuelo directo a San José de Costa Rica. Viajo con Cristina. Ella estuvo el año pasado tres meses en el país. Me habló tanto de aquel paraíso que esta vez me he apuntado a la escapada.

En el aeropuerto de Madrid esperamos el vuelo de Air Comet que llega con casi dos horas de retraso. Como dice mi madre: lo barato es caro. Apenas embarcamos una nueva sorpresa: anuncian que haremos una escala en la República Dominicana para que bajen unos pasajeros (se me ocurre pensar que no habiendo gente suficiente para su vuelo los metieron en éste) y seguiremos hacia nuestro destino. Surrealismo puro. Nadie de la tripulación sabe darnos una explicación ya que ellos también desconocían esta escala. Después de un vuelo en el que se acaban las existencias de casi todo, incluyendo el aire acondicionado y las hojas de reclamaciones, llegamos a San José.

Apenas bajo del avión respiro profundo como intentando recoger en el aire alguna seña de identidad del nuevo mundo. Me gusta su olor. Después de agradecer a una divinidad cualquiera el haber recuperado todo nuestro equipaje (con Air Comet ya temíamos lo peor) cogemos un taxi directas a un hotelito en el barrio de Aranjuez. Antes de irnos a dormir queremos cenar algo y nos acercamos a la soda (restaurante) más próxima. Quedamos con Oscar, un exligue tico (así se llama a los locales) de Cristina. Comemos arroz con camarones y bebemos cerveza nacional marca Imperial. Oscar nos enseña el significado de “zarpe”: la última ronda. Al tercer zarpe somos los últimos clientes del bar así que los dueños deciden que es hora de cerrar. De cualquier forma el cansancio acumulado comienza a ser demasiado.

Por la mañana nos espera la grata sorpresa del desayuno de la casa, que es lo mejor que tiene alojarse aquí. Es la única comida que sirven al día y se esmeran. En medio de un jardín tropical con plantas de hojas gigantes de un verde radiante encontramos comida para todos los gustos: tortillas, frutas exóticas, zumos de esas frutas, cereales, yogurt, embutidos, frijoles con arroz, sándwiches, pastas y pan casero… Cargamos las pilas y salimos cuanto antes hacia la estación de autobuses que nos llevarán hasta Santa Cruz donde cogeremos un taxi a Playa Negra. Tenemos suerte y encontramos billetes. Al poco de llegar nosotras ya no quedan. El conductor es un tipo vacilón. Liga con todas y todas le siguen el rollo. Aquí están mucho más desinhibidos y el hecho del coqueteo no tiene porque implicar nada. Simplemente es otra forma de lenguaje muy lejos de la nuestra. Me gusta.

Tras 3 horas y media de bus y media de taxi hemos llegado a Playa Negra, uno de los lugares con las mejores olas del país y que, por eso mismo, atrae sobre todo a surferos. Vamos directas a casa de Lulú. Una brasileña que alquila habitaciones por 10$ la noche. Es una casa de madera de dos plantas circundada por una densa vegetación. Es bonita. Aquí nos quedaremos hasta que encontremos a Mike y nos de noticias sobre la casa que nos ha conseguido. Mike es un surfero treintañero de L.A. (muy guapo, por cierto) que vive aquí desde hace unos cuatro años. Cristina lo conoció el año pasado y yo he ido teniendo contacto con él este año a través de myspace. Fue pocos días antes del viaje cuando me comentó que había encontrado una casa para nosotras. Hemos quedado en encontrarnos con él durante el sunset en la playa.

De camino pienso que me gusta todo esto. No hay tráfico, no hay humo, no hay multitudes, no hay edificios que tapen el cielo. No hay nada que se pueda parecer ni siquiera a un pueblo. Sólo una carretera de tierra que une casas diseminadas, cabinas (los alojamientos de aquí) y algún escaso restaurante.
Cuando llegamos a la playa pienso que Cris no se quedo corta al decirme que había encontrado un pequeño paraíso en Playa Negra. Allí se reencuentra con viejos amigos que me presenta. Forman una pequeña comunidad de gente de entre 30 y 40 años que hace unos 7 coincidieron en este punto del mundo donde muchos se quedaron. Casi todos son surferos. Para subsistir económicamente cada uno ha buscado su método. Lu, brasileña, da clases de personal training y alquila de vez en cuando algún cuarto. Carmela, argentina, da masajes en los hoteles de la zona. Alfonso, madrileño, hace fotos para publicaciones de surf. Aída, tica (local), va y viene, es directora de arte en cine y ahora trabaja en D.F. Chus, catalana, vende ropa que compra en Argentina y con su novio cuida casas. Onditz, vasca, es monitora de buceo. Mike, además de llevar la pizzería junto a su socio, que es el bar de reunión de casi todos ellos, también cuida casas. Es algo común aquí. Casi todas son casas de extranjeros, casas increíbles que están vacías varias temporadas al año. La única forma de que no entren a robarlas es que siempre haya alguien dentro. En este momento Mike vive en una de ellas. Es una casa estilo balinés de dos plantas rodeada, como no, por un jardín tropical. Su propuesta es que nos quedemos allí con él. Alojamiento de lujo gratis. No se me ocurre un plan mejor. Aceptamos encantadas.

Para no dejar a Lu colgada, nos trasladamos al segundo día. Y en ese segundo día, que también es el último día del año, ya me siento como en casa. Pasamos la noche en casa de Eres, un fotógrafo de moda que vive en Nueva York. Su casa en Playa Negra es una casa estilo marroquí. A la llegada pequeñas velas forman un camino que nos guía hasta la puerta. En el salón del piso de abajo encontramos a Eres pinchando. Toda la comunidad de surferos anda repartida entre la casa y el jardín. Es una noche divertida, diferente al típico fin de año. Me siento afortunada. Cris y yo hemos traído unas uvas enlatadas, lo que no deja de ser un freakismo por aquí. Después de las doce las repartimos con todos. Fumamos marihuana, nos reímos y bailamos.

Con el primer día del año nos trasladamos a nuestra nueva casa. Los días pasan sencillos. Solemos amanecer a eso de las 07.00h. Desayunamos en la terraza abierta a un jardín natural repleto de palmeras de plátanos, piñas y árboles de teca desde los que llegan sonidos de pájaros y de monos que no distinguimos. Café y tostadas de crema de maní con mermelada. Después nos vamos a la playa, a veces bajamos los tres en la moto de Mike (sin casco y con la tabla) y a veces a pie, atravesando el bosque de teca.

Sol, pacífico, snorkel, un plato de fruta, pruebo el boogie (bodyboard) y una ola me traga, cerveza Imperal, bla bla bla, surferos esperando su ola, llega Alfonso y les hace fotos, aparecen unos tipos profesionales que caminan por encima de sus tablas y nadie puede apartar la vista del show, ahora viene el alemán y me invita a otra Imperial, más bla bla bla, nada especial pero todo es sencillamente perfecto.

A medio día compramos 4 enormes langostas recién sacadas de este mar por sólo 14€. Comida en casa. Mike cocina. Una vez fue cocinero y se nota. Ya siempre nos hará la comida. Para acompañar: ensalada, patatas al horno y vino blanco chileno. Pura vida.

A las 16.30h es la cita diaria con el sunset. Reunión en la playa. Vemos como un enorme sol naranja es tragado por el mar. Después del espectáculo unas cervezas en el bar de Mike. Nueva reunión. Cuando salimos el cielo está plagado de lucecitas que brillan tanto que es imposible no mirar. No recuerdo haber visto nunca tantas estrellas juntas. El día acaba pronto. A eso de las 23.00 solemos estar durmiendo.

Los días sencillos van pasando, lentos pero rápidos. El ritmo aquí lo marca el amanecer, el anochecer, las olas y poco más. Quizás también la marihuana. Desearía poder detener el tiempo, hacer desaparecer todo lo que me espera, quedarme un buen rato en este paréntesis donde sólo pasa la vida.

Aquí no siento la necesidad de consumir compulsivamente porque no hay nada que consumir excepto el tiempo. No siento la necesidad de escribir ni de contar nada (esto está escrito en Barcelona) sólo de vivir. Tampoco he hecho ninguna foto.

El domingo decidimos hacer una fiesta en otra de las casas que cuida Mike. Está aislada en lo alto de una montaña. La cita es a las 16.20h. Esta vez pincha Señor Rosa (a.k.a. Nona). Preparamos todo en la terraza de arriba. Desde aquí vemos como la ladera de bosque tropical llega hasta el mar. El sunset ha comenzado. Desde esta posición privilegiada impresiona todavía más. Poco a poco van apareciendo todos. Se ha montado una buena. A las 22.00 estamos exhaustos. Está claro que aquí el ritmo es otro. Como un perfume, todo es intenso y condensado.

Sólo me queda 1 día. No quiero irme. Siento nostalgia por algo que aún tengo. Decido disfrutar del momento y no pensar en nada. Ya llegará. Todo ha pasado tan rápido y a la vez con tanta calma. De golpe me encuentro en el aeropuerto, esperando mi avión de regreso que una vez más llega tarde (recomiendo no viajar en Air Comet). Veinticinco horas más tarde estoy en mi casa sintiendo vértigo por la vida que voy a reanudar. Duermo quince horas seguidas.

Amanece y abro la ventana pero no ya oigo ni a los monos ni a los pájaros. Anochece y miro al cielo pero ya no veo todas aquellas estrellas tan brillantes. Ahora sí que estoy en mi derecho de sentir nostalgia. Diez días no son mucho pero han sido suficientes para entender que algo aquí no funciona. A la vez soy consciente de que en una o dos semanas habré olvidado muchas cosas y estaré inmersa de nuevo en esa rueda en la que, como ratoncitos, damos vueltas. Jue’pucha.

2 Comentarios

  • Responder mayo 28, 2009

    Davizico

    No te lo comenté… (mucho lio al ultima vez que nos vimos) pero leí esto hace tiempo y me encantó… yo fui a Costa Rica también en 2008 pero más turístico. A ver si vuelvo y hago como tú, a dejarme llevar… GRAN PAÍS. Pura Vida !!

  • Responder enero 14, 2009

    Anonymous

    PURA VIDAAAA YO SOY DE COSTA RICA….SI LEYERA ESTO Y NO CONOCIERA EL PAIS TE DIRIA KE ES UNA HISTORIA IRREAL…PERO SEEEEE…TIENES RAZON COSTA RICA ES UN PARAISO TROPICAL LA NATURALEZA Y LA VIDA DE AKI NO SE COMPARA CON LAS POTENCIAS EUROPEAS….ESO ES LO TUANIX ADEMAS LOS HABITANTES SOMOS UNICOS….SUERTECITA EN TU VIDA Y KE OS VAYA BONITO! **NUEVE**

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