Ferrán Guallar

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Presidente del Instituto Jane Goodall España y África del Oeste. Vive en un pequeño poblado en Senegal.

Mi cuerpo y mi cabeza me pedían aprender más del mundo, sin filtros, y acercarme a otras culturas, al bosque, a la naturaleza.

Abandonó una prometedora carrera como economista en Microsoft para dedicarse a la investigación de la vida salvaje y la conservación de la biodiversidad. No olvida sus raíces pero se deja instruir por el continente africano. Ahora siente que su trabajo atiende a necesidades reales. Un recuerdo imborrable: su primer encuentro con un chimpancé salvaje.

¿Qué no le importó dejar atrás?
“Los valores occidentales. El dinero y el poder pueden dar la felicidad si desde pequeño te educan en esa dirección. Conseguirlo se convierte en el objetivo vital. Creo que el único camino es reconducir las aspiraciones naturales ‘egoístas’ del ser humano hacia unas necesidades que cuadren con nuestra supervivencia y nuestra satisfacción. Podemos ser felices sin abusar de la Tierra.”

Así que decidió reinventarse…
Mi cuerpo y mi cabeza me pedían aprender más del mundo, sin filtros, y acercarme a otras culturas, al bosque, a la naturaleza. Empecé la reeducación con un largo viaje de dos años por tierra por los llamados ‘países pobres’ de Asia, Oriente Medio, África y Sudamérica, con un proyecto llamado Mundoescuela. Fue el incentivo para no desfallecer en un viaje incómodo y cansado. Durante mi periplo conocí y entrevisté a Jane Goodall en Tanzania y me convenció para abrir la delegación en España.”

Siguiente paso, Senegal, ¿cómo fue la primera toma de contacto?
“Senegal es un país amable para vivir y trabajar. Yo venía de viajar de la forma más económica posible y de vivir temporalmente en territorios muchísimo más duros y con muy pocos medios. De ahí que cualquier dificultad (enfermedades, comida, transportes, alojamientos…) fuese fácilmente superable. En general, los problemas cotidianos son los derivados de vivir en una zona rural de África.”

¿Puede decir que se ha integrado?
“No creo demasiado en la palabra integración. Prefiero hablar de convivencia. La integración, tal como la entendemos en occidente, suele restar, más que sumar. Exige una cierta renuncia de valores y tradiciones, cuando lo saludable es aprender, mejorar, no cambiar radicalmente. En mi caso, puedo afirmar que convivo extraordinariamente bien con mis vecinos.”

Aproveche para hacer una llamada al voluntariado…
“Lo que promovemos desde el Instituto aquí son los voluntarios de larga duración, dentro de especialidades concretas, como biología, ambientales, agrónomos y otros. Eso permite mantener el programa en marcha, mientras que ellos mejoran su currículo y viven una gran experiencia personal. Sin el apoyo voluntario de todos nosotros, sería difícil llevar a cabo todas las actividades.”

¿Una visión de futuro?
“Una masía en la montaña y una vida lo más autosuficiente posible, como la que llevaban nuestros abuelos o bisabuelos.”

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